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viernes, 7 de junio de 2013

Para Bien o para Mal, Condicionados por la Vida.


Tiempo de lectura: 5 min

Nunca había sido un amante de los perfumes y menos aquellos que tienen un olor fuerte que se instalan en la nariz sin dejarte oler nada de lo que te rodea, encima algunos hasta marean y no solo por el precio. Tampoco me gustaban aquellas canciones excesivamente lentas, me parecían aburridas y monótonas. Lo mío es la música fuerte, estridente esa que te hace moverte casi sin querer (para la gente con ritmo)  :).

Hace ya casi un año que no veo a Julia, una chica con la que estuve, de la que tengo buenos recuerdos. Amante de los perfumes potentes, esos que antes ni me gustaban, y de las baladas pegadizas en inglés, que aparte de no entenderlas no me decían nada.

Ahora resulta que cada vez que huelo ese perfume oloroso y penetrante, me resulta embriagador y si eso se acompaña con la música que escuchaba con ella, como dice un dicho popular en mi tierra “apaga la luz y vamos”. Ese conjunto de olor-música ahora resulta que hasta me gusta, quién me lo iba a decir, me hace revivir muy buenas sensaciones que parecen que se hacen presentes.

Una vez recuerdo, con cierto escalofrío, que iba con ella en el coche y fuimos testigos de un grave accidente. En ese momento sonaba en mi coche una  de mis canciones favoritas, a partir de ese día ya no es mi preferida, ahora me genera recuerdos negativos acompañado de sensaciones extrañas.

A veces me pregunto como algo que antes pasaba desapercibido e incluso llegaba a molestarme ahora me gusta e incluso lo busco. Y qué decir de mi canción favorita que tanto disfrutaba escuchándola que ahora no aguanto. 

 ¿Le estará pasando algo a mi querido cerebro?